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domingo, 14 de enero de 2007


Simon, Michel (1895-1975 )
Uno de los más grandes característicos de la historia del cine, que engalanó muchas películas francesas de los años 30´y siguientes con su excéntrica presencia y magnífica ductilidad (que comenzaba por su extraño rostro de goma). En efecto, ¿cómo era posible que este hombre decididamente feo, habitualmente desgreñado, con barba indocil y cabello rebelde, con un elocución trabada y pastosa como si la lengua excediera su normal tamaño, pudiera a la vez ser tanto un actor cómico como dramático, según se necesitara, de primera clase? Una circunstancia para hacer pensar a los carilindos que nunca pudieron ser otra cosa que ellos mismos película tras película.
Simon fué antes que actor un marginal anticonformista como algunos de sus personajes en el cine. Fué hombre de circo, clown y acróbata. No le molestó vivir por un tiempo en un burdel. Formó luego parte de la troupe de Pitoeff y más adelante fué incorporado a la suya por Louis Jouvet. Fué en el teatro de la mano de estos y otros que tuvo sus grandes éxitos, actor de Shaw, de Wilde, e incluso de Shakespeare. Esto lo llevó al cine en 1925, desde ya cine mudo, donde podía utilizar sus recursos de expresivo mimo, pero no su particular voz. Con el cine sonoro encontró no sólo su voz sino sus grandes roles, como solo podía esperarse del cine europeo (imaginemos a Michel Simon en Hollywood, eterno característico algo alelado, a la Frank Morgan, en decenas de films intrascendentes), que podía encontrar empleo para estos actores excepcionales capaces de infinitos visajes.
En sus setenta años, Simon encontró a orillas del lago de Ginebra a Marguerette Krieger, pintora alemana con quien convivió en sus últimos años, además de sus monos y otros animales. Ella hizo unos cincuenta retratos a tinta de Simon, encontrables en http://amichelsimon.free.fr/html/firstframes.html, muy conmovedores.
Simon fué actor predilecto de Jean Renoir, Marcel Carné, y Jean Vigo. Con todos filmó películas inolvidables, clásicos desde entonces y mientras dure el cine. En total, engalanó más cien películas con interpretaciones legendarias, no por ello menos sensibles y realistas. Hoy se lo puede ver con la misma credibilidad que entonces.

Fué un extra en La passion de Jeanne D´Arc (1928), la obra maestra de Carl Dreyer; el mayordomo en Tire au flanc (1928), su primera colaboración con Renoir en una de sus primeras obras, una comedia farsesca todavía muda, y también en la primer película sonora del gran maestro, On purge le bebé (1931), otra farsa, en la que el irreprimible director aprovecha de la crucial innovación para hacernos oir...el sonido de un inodoro en acción! Estos eran los tiempos, la irreverencia, un modo de protesta. Pero Simon pasó a otra categoría con La Chienne (1931), la primera obra maestra de Renoir, una muestra de realismo total que anticipaba el cinema noir de los 40´, pero con mayor autenticidad. En el rol de Maurice Legrand, el oficinista pintor en sus ratos libres, engañado por una prostituta y su proxeneta, con inesperadas consecuencias trágicas , tuvo su consagración como actor dramático. Y al año siguiente, en una nueva y brillante comedia farsesca de Renoir, Boudu sauvé des eauxs (en la imagen, con Séverine Lerczinska), jugando el rol protagónico del anárquico vago que estremece la casa y la familia del amable burgués , Monsieur Lestingois, aparece como simplemente nacido para el personaje. En 1934 Simon fué el Pere Jules de LÁtalante, la poética obra maestra de Jean Vigo. En otra farsa, ahora dirigida por Marcel Carné, Drole de Drame (1937) es el atribulado botánico y a la vez secreto autor de novelas policiales Irwin Molineux, sospechado por su pío primo, el obispo (su antiguo mentor Louis Jouvet), de haber asesinado a su mujer. También con Carné, ahora en un drama tan negro que fué llamado fascista por Jean Renoir (injustamente, me parece), Quai des brumes (1938, "El muelle de las brumas" en nuestro país) es el padrastro de la mujer que entabla una relación con el protagonista desertor del ejército, Jean Gabin. En La fin du jour (1939), la amarga pero humana obra de Jean Duvivier, es uno de los actores envejecidos que viven en el asilo para actores retirados, que rememoran pasadas glorias hasta la irrupción del ex Don Juan (Louis Jouvet), cuyo narcisismo y frustración conducen a un denoument dramático. Fué un envejecido profesor para convertirse en el rejuvenecido Fausto deGerard Philippe en La beauté du Diable (1959), de René Clair . Y finalmente, en esta suscinta e incompleta lista, el viejo del título en Le vieil homme et l´enfant (1957), de Claude Berri, en el que entabla una relación afectiva con un niño judío puesto a su cuidado en la Francia petainiste.
Michel Simon fué un actor impar e insustituible; su tipo no parece repetible, y no lo ha sido hasta el momento. Charles Laughton, el actor inglés, que podría parecer un simil es en realidad un moderado y suave intelectual a su lado. Simon era pura emocionalidad, no necesariamente buena en todos los casos. Sin duda era inteligente y sensible, y preparaba sus roles y memorizaba sus parlamentos, pero nada de este profesionalismo aparecía en sus interpretaciones. Distaba de ser un actor naturalista; su base era una especie de sobreactuación inherente a su ser (por eso, cuando André Bazin afirma que Simon sobreactúa en Boudu, demuestra que no conocía de cine tanto como suponía). Había una vulnerabilidad conmovedora en Simon, aún cuando , como en su inimputable Boudu, viole todas las reglas de la sociedad y la moral, o asesine por sentirse desfalcado, como en La Chienne. Jean Renoir dedica en sus memorias palabras llenas de afecto para Simon, uno de sus favoritos, y señala con humor que tenía costumbres sexuales no ortodoxas respecto del sexo opuesto. pero, ¿qué podía esperarse de un transgresor en la vida y en sus personajes?

viernes, 12 de enero de 2007

Harlow, Jean ( 1911-1937)
La rubia platinada y vulgar más encantadora de la década del 30 en Hollywood. La fábrica de sueños tenía su tipología propia, y la rubia vulgar, preferentemente platinada, , era sujeto favorito (no confundir con la rubia tonta, otro espécimen frecuentemente explotado), por lo cual siempre existieron desde los principios del cine variedades del reconocible tipo. Pero una rubia vulgar con el mayor de los encantos, esto era algo distinto. Jean Harlow era desprejuiciada, directa, y franca. No tenía nada que ocultar. No era una dama de misterio, como las grandes divas; tenía físicamente inmenso sex appeal, que el blanco y negro exaltaba, y una sinceridad ruda pero infantil que le confería una total simpatía. Enojada era temible; amorosa, irresistible.

Harlow anduvo por los estudios en papeles de extra hasta que atrajo la atención de Howard Hughes, el detestable millonario coleccionista de actrices (¿o es que estoy siendo envidioso?). Hughes la hizo estrella en Hell's Angels (1930), donde se la ve deslumbrante en una de las primeras escenas filmada en colores en la historia del cine; la película, de hecho, hizo historia, y Jean también, aunque más pequeña, con la frase "¿me permites que me ponga algo más cómodo?", grabada en los anales del cine para imitación y parodia. Picaresca y atrevida, fué más noticia por sus andanzas, probablemente exageradas, que por sus actuaciones. Pero Jean era además naturalmente inteligente y ambiciosa, y en poco tiempo desarrolló habilidades destacables, sobre todo en el campo de la comedia. Su natural vitalidad y su gracia fresca y desenfadada, no pocas veces admirable en berrinches espectaculares, la llevaron a la categoría máxima de superstar. Fué pareja cinematográfica de los mejores, Clark Gable, Spencer Tracy, William Powell. Se entretuvo no usando corpiño, y se rió de los hombres que la admiraban o las mujeres que la repudiaban por esto. En épocas de censura más laxa, los modistos se la arreglaban para desnudar su espectacular espalda y para diseñar escotes en el límite de lo prohibido. Y aunque vulgar, Jean era naturalmente elegante y caminaba y se movía con gusto. En realidad, era abiertamente invitadora, y su mirada podía serlo todavía más. En la escena en colores, señalada más arriba, seduce a Ben Lyon sin importarle que sea el hermano de su prometido, y la invitación no es precisamente romántica. Comparada con su casi contemporánea, Clara Bow, la chica "It", es una muy directa seductora frente a una apenas picaresca y siempre sonriente "flapper", incapaz de una mirada estremecedora pero sin artificios. Por suerte, Jean no era tampoco Theda Bara, la vamp del cine mudo.

La vida privada de Jean Harlow fué desgraciada; su existencia breve. Su segundo marido se suicidó a las pocas semanas del casamiento, en uno de los misterios aún no resueltos de los muchos de parecido tipo que siempre asolaron a tinseltown. Pareció encontrar la felicidad al comprometerse con William Powell, el eterno elegante de comedias y dramas del mejor Hollywood, pero mientras éste se decidía, enfermó bruscamente, y murió poco después. Su herencia al momento de su muerte, se dice, no pasaba de miserables veinte mil dólares.

Jean fué convenientemente explotada por Hollywood. Filmó Platinum blonde en 1931, Red headed woman, en 1932, por si alguien pudiera haber tenido dudas y, más explicitamente, Bombshell, en 1933. Fué la mujer ligera que pretendía a Clark cuando este jugaba un affaire con la muy distinguida mujer casada Mary Astor, en Red Dust; cómo Gable podía preferir la anodina Astor (no necesariamente así en la vida real) a la burbujeante Jean es cosa de misterio; probablemente estaba ocupado en otra parte de la acción cuando la disgustada Jean, en una escena muy recordada, se sienta en una silla y enfurruñada pone los pies sobre una mesa, descubriendo sus admirables piernas. Básicamente el mismo triángulo se dá en China Seas, donde la mujer fina es Rosalind Russell. En ambos casos Jean se queda finalmente con el galán. En Dinner at eight (1934), una de las grandes comedias dramáticas de los 30, es infiel a su insoportable marido (Wallace Beery), con el que mantiene épicas disputas sin pelos en la lengua, y provoca de parte de Marie Dressler la más grandiosa réplica de la historia del cine en el mismísmo final. Y vestida (o no tanto), con un espectacular vestido de noche, muestra la espalda más liberalmente exhibida, y más recordable. En el mismo año apareció en The girl from Missouri, en donde, contra su habitual tipo, es la muchacha provinciana que reserva su virginidad para el millonario con el que piensa casarse, si llega a encontrarlo; la película es todavía precensura, y Jean no aparece demasiado virginal, pero si inocente (y encuentra su millonario). En Reckless (1935) está deliciosa en el rol de una actriz; canta (pero podría estar doblada, una de las habituales trampas de Hollywood) y baila en una escena antologizada en la que se la vé delectable. Su galán allí es William Powell, quien parece estar enamorado mas allá de las obligaciones de la interpretación. Contrariamente, en Libeled lady (1936) no se la vé con su habitual atractivo, porque, aunque encabeza un reparto histórico (Loy, Powell, Tracy) pasa todo el tiempo disgustada y gritando, por exigencias del libreto, y todo el encanto se deposita, argumentalmente, en la más distinguida y serena Mirna Loy. Y se vé físicamente disminuída, decididamente falta de frescura. Es dificil imaginar cómo hubiera envejecido.
En su última película, Saratoga, durante cuya filmación enfermó y finalmente murió, no se la vé demasiado bien. Hollywood no era nada sino pragmático: el rodaje siguió después de muerta Jean con una doble y enfoques de espalda, demasiados transparentes para engañar a nadie. No sólo es un final extraño, es despreciable e imposible de sobrellevar. Pero el gran mogol de la Metro, Louis B. Mayer le hizo a Jean un entierro como sólo podía hacer Hollywood, y seguramente se fué a dormir esa noche a pierna tendida, la conciencia aliviada.
PD.- (Pero Hollywood no es nada si no es incorregible. En 1965 cometió la denigración final de Jean con una supuesta biopic "Harlow", que es un ofensivo transvestismo de la realidad, con personajes ficticios y una falsedad tras otra)

miércoles, 6 de diciembre de 2006


Laughton, Charles (1899- 1962).
Intérprete inglés, uno de los más importantes actores de carácter principalmente activo en el cine de Hollywood a partir de 1932, luego de una exitosa carrera en el teatro del West End y varios films el el naciente cine de su país, algunos especialmente distinguidos. En su aparición en The devil and the deep blue sea (1932) un aviso lo presenta de modo especial, como "el eminente actor característico inglés", algo nunca visto en Hollywood. No que este homenaje hiciera algo por el film o por su rol.
El aspecto físico de Laughton, en especial su rostro mofletudo, sus labios gruesos y su mirada oblicua lo destinaron a roles dramáticos, a veces grotescos, en pocas ocasiones simpáticos, y en muchas malvados, pero su capacidad de gran actor, sólo minada por su tendencia, sobretodo en sus últimos años, a sobreactuar, lo llevó a constituirse en uno de los característicos insustituibles de Hollywoodland. Como otros, cayó en ciertas humillaciones, sólo justificadas por la necesidad de ganarse la vida, como filmar con Abbot y Costello, en el rol de un ridiculizado capitán Kidd.
Pero Laughton era un actor con aspiraciones; sus créditos son innegables y en no pocos casos inolvidables. Llegó al estrellato con su triunfal e inmediatamente famosa creación, que le ganó un Oscar, del rol protagónico en The private life of Henry VIII (1933, en la imagen), de Alexander Korda, donde cortó cabezas de esposas y algunos otros con cómico despotismo. Fué también el protagonista en la magnífica y adulta Rembrandt (1936), igualmente producida y dirigida por Korda, en la que su actuación no pudo ser más diferente de la anterior, y a la vez tan convincente como en aquella. Y en Ruggles of Red Gap (1935) practicó la comedia sin dificultades, en una demostración más de su versatilidad, encarnando un imperturbable valet inglés, antecesor directo del de John Gielgud en Arthur . En The sign of the cross (1932) y The Barret of Wimpole Street (1933), como Nerón y el padre de Elizabeth Browning respectivamente, encarnó dos de sus más repulsivas personificaciones; por cierto, una de sus especialidades más frecuentadas. Y como un ficcionalizado sádico capitán Bligh concitó lo odios más satisfactorios de la platea. Como Quasimodo en The hunchback of Notre Dame, en una caracterización famosa, pudo ser a la vez grotesco y conmovedor, y en su episodio de Tales of Manhattan, en el rol del compositor al que se le descose el frac en su debut como director, magnífico. Fué implacable perseguidor de hombres asediados en Les miserables y en Arch of triumph, glorioso como cómico padre alcohólico en Hobson´s choice y astuto y excéntrico abogado en Witness for the prosecution. En su ultimo papel, ya mortalmente enfermo, representó con magistral suficiencia un irónico, experimentado, pero patriótico senador sureño (con acento y todo) en Advise and consent. Jean Renoir, que filmó con él This land is mine le dedica un capítulo afectuoso en su autobiografía, y cuenta la absoluta dedicación de Laughton a su arte, con las más cómicas exigencias y frustraciones durante la filmación.

Laughton incursionó en la dirección cinematográfica con un film impactante, The night of the hunter, que quebró muchos moldes de Hollywood y como consecuencia fué en su momento poco comprendido. La historia de dos niños perseguidos por un psicopático predicador es narrada con estilo inusual y fotografiada (por Stanley Cortez) con maestría formal inquietante, a veces realista, otras claramente expresionista, creando una atmósfera a la vez poética y amenazante. Este es un film fuera de lo común, y el final feliz no niega las escasas concesiones del desarrollo, tanto formales como de la narrativa.Puede verse una actuación descollante de Robert Mitchum como el predicador, tan cínica y maligna, tan cargada de reconcentrado odio y de frío cálculo que produce escalofríos, y otra de la gran Lilian Gish, angelical. Pero Laughton no volvió a dirigir. Aparte de sus variables intervenciones en el cine, cobró gran prestigio haciendo presentaciones teatrales en las que leía obras distinguidas de autores modernos y clásicos. Hubiera dado cualquier cosa por verlo y oirlo leyendo la sección "Don Juan en el Infierno" de Man and Superman de Bernard Shaw, uno de sus unipersonales.

Charles Laughton fué un cumplido "scene stealer", esto es, ladrón de escenas. Si aparecía en la pantalla los demás podían contar con una rápida y decidida disolución en el aire, una desaparición forzosa que mejor tomar con resignación.

martes, 28 de noviembre de 2006

Hopkins, Anthony (1921- )
Uno de los más importantes actores actuales, Hopkins ha preferido finalmente el cine al teatro, en el que se inició, y, básicamente el cine de Hollywood, donde ha aceptado roles con escasa discriminación. Por esto ha sido acusado de prostituirse y dejarse comprar por dinero fácil. Otros, inclusive él mismo, prefieren creer que el trabajo continuado lo rescata del alcoholismo que casi termina por matarlo, y del cual ha podido mantenerse, por fortuna para él y para el cine, alejado.
Aunque activo en cine desde mucho antes, Hopkins saltó a la notoriedad por su actuación en The elephant man (1980), la magnífica recreación victoriana de David Lynch. Allí, y subsecuentemente en distintos films, mostró su jerarquía y versatilidad; también mostró que podía igualar a Omar Shariff en la notoria habilidad de llenar los ojos de lágrimas; pero, claro, Hopkins es un actor. Su actuación me pareció superlativa enShadowlands y The remains of the day, ambas filmadas en 1993, la primera una magnífica composición, la segunda una emotiva caracterización de C.S. Lewis.¿ Y quién puede negar su creación de Anibal Lecter en El silencio de los inocentes, que, irónicamente, le valió un Oscar, por lo que esto pueda significar?
Hopkins hizo Shakespeare en buena medida en el teatro, tanto en RADA (Royal Academy of Dramatic Art)como en el National Theatre, donde produjo actuaciones muy estimadas, pero en cine no ha sido igualmente explotada su capacidad de actor shakesperiano, aunque es cierto que fué Claudio en el Hamlet de Tony Richardson, en verdad teatro filmado. Esperamos ansiosamente poder apreciarlo en algún rol principal del admirable teatro clásico inglés.