miércoles, 6 de diciembre de 2006


Laughton, Charles (1899- 1962).
Intérprete inglés, uno de los más importantes actores de carácter principalmente activo en el cine de Hollywood a partir de 1932, luego de una exitosa carrera en el teatro del West End y varios films el el naciente cine de su país, algunos especialmente distinguidos. En su aparición en The devil and the deep blue sea (1932) un aviso lo presenta de modo especial, como "el eminente actor característico inglés", algo nunca visto en Hollywood. No que este homenaje hiciera algo por el film o por su rol.
El aspecto físico de Laughton, en especial su rostro mofletudo, sus labios gruesos y su mirada oblicua lo destinaron a roles dramáticos, a veces grotescos, en pocas ocasiones simpáticos, y en muchas malvados, pero su capacidad de gran actor, sólo minada por su tendencia, sobretodo en sus últimos años, a sobreactuar, lo llevó a constituirse en uno de los característicos insustituibles de Hollywoodland. Como otros, cayó en ciertas humillaciones, sólo justificadas por la necesidad de ganarse la vida, como filmar con Abbot y Costello, en el rol de un ridiculizado capitán Kidd.
Pero Laughton era un actor con aspiraciones; sus créditos son innegables y en no pocos casos inolvidables. Llegó al estrellato con su triunfal e inmediatamente famosa creación, que le ganó un Oscar, del rol protagónico en The private life of Henry VIII (1933, en la imagen), de Alexander Korda, donde cortó cabezas de esposas y algunos otros con cómico despotismo. Fué también el protagonista en la magnífica y adulta Rembrandt (1936), igualmente producida y dirigida por Korda, en la que su actuación no pudo ser más diferente de la anterior, y a la vez tan convincente como en aquella. Y en Ruggles of Red Gap (1935) practicó la comedia sin dificultades, en una demostración más de su versatilidad, encarnando un imperturbable valet inglés, antecesor directo del de John Gielgud en Arthur . En The sign of the cross (1932) y The Barret of Wimpole Street (1933), como Nerón y el padre de Elizabeth Browning respectivamente, encarnó dos de sus más repulsivas personificaciones; por cierto, una de sus especialidades más frecuentadas. Y como un ficcionalizado sádico capitán Bligh concitó lo odios más satisfactorios de la platea. Como Quasimodo en The hunchback of Notre Dame, en una caracterización famosa, pudo ser a la vez grotesco y conmovedor, y en su episodio de Tales of Manhattan, en el rol del compositor al que se le descose el frac en su debut como director, magnífico. Fué implacable perseguidor de hombres asediados en Les miserables y en Arch of triumph, glorioso como cómico padre alcohólico en Hobson´s choice y astuto y excéntrico abogado en Witness for the prosecution. En su ultimo papel, ya mortalmente enfermo, representó con magistral suficiencia un irónico, experimentado, pero patriótico senador sureño (con acento y todo) en Advise and consent. Jean Renoir, que filmó con él This land is mine le dedica un capítulo afectuoso en su autobiografía, y cuenta la absoluta dedicación de Laughton a su arte, con las más cómicas exigencias y frustraciones durante la filmación.

Laughton incursionó en la dirección cinematográfica con un film impactante, The night of the hunter, que quebró muchos moldes de Hollywood y como consecuencia fué en su momento poco comprendido. La historia de dos niños perseguidos por un psicopático predicador es narrada con estilo inusual y fotografiada (por Stanley Cortez) con maestría formal inquietante, a veces realista, otras claramente expresionista, creando una atmósfera a la vez poética y amenazante. Este es un film fuera de lo común, y el final feliz no niega las escasas concesiones del desarrollo, tanto formales como de la narrativa.Puede verse una actuación descollante de Robert Mitchum como el predicador, tan cínica y maligna, tan cargada de reconcentrado odio y de frío cálculo que produce escalofríos, y otra de la gran Lilian Gish, angelical. Pero Laughton no volvió a dirigir. Aparte de sus variables intervenciones en el cine, cobró gran prestigio haciendo presentaciones teatrales en las que leía obras distinguidas de autores modernos y clásicos. Hubiera dado cualquier cosa por verlo y oirlo leyendo la sección "Don Juan en el Infierno" de Man and Superman de Bernard Shaw, uno de sus unipersonales.

Charles Laughton fué un cumplido "scene stealer", esto es, ladrón de escenas. Si aparecía en la pantalla los demás podían contar con una rápida y decidida disolución en el aire, una desaparición forzosa que mejor tomar con resignación.

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